
Quizá lo más curioso de la tecnología no es su complejidad, sino la facilidad con la que aceptamos vivir dentro de ella. Internet dejó de ser una herramienta para convertirse en el entorno donde pensamos, decidimos y convivimos. Durante años hablamos de internet como algo que se usa: contamos horas de pantalla y contenidos consumidos. Pero esa cuenta mide a quien vive dentro, no el lugar. Y el lugar importa: nos vamos adaptando a él y, muchas veces, seguimos dentro de algo que hace tiempo dejó de darnos valor.
Nos venden un futuro y construyen otro. Este mapa recorre lo que de verdad han construido y lo que podemos hacer dentro.




